FEATURED STORY

EL AYUDANTE DE LAS CRIADAS

La claridad llega rápidamente a algunos, mientras que otros necesitan tiempo y experiencia para que se desarrolle y revele sus secretos evasivos. Soy más del segundo grupo,  y trabajar como ayudante de criadas resultó ser el trampolín que necesitaba para afrontar  los destinos que me llamaban.
Estaba un poco perdido.  No tenía ningun plan ni la luz de un faro para ayudarme.  Pensé que experitmentar con diferentes tipos de trabajo era mejor que estar atrapado en una mala rutina.  Daría una oportunidad a algún trabajopara ver qué puede ofercerme.  Nunca sabes qué puede estimularte o hacia dónde te puede llevar.  Después de algún tiempo, si no sentía que nada bueno estaba viniendo, buscaría en otro lugar.
Tenía ventitantos y ninguna idea de mi futuro, de qué quería hacer con mi vida.  Todavía no había tomado la decisión de regresar a las minas, pagar mis deudas, empezar a ahorrar dinero y luego hacer el gran viaje para buscar mi destino.   No tenía prisa, pero el reloj estaba avanzando.  Cada mes que pasaba me sentía un poco menos cómodo escondido bajo el manto de la juventud.  Un día tendría que empezar a tomar decisiones más grandes o más exitosas.
Cuando abrí el periódico en la sección de ofertas de trabajo, la mayoría de ellas parecían apropiadas para los burócratas profesionales con mucha experiencia o comerciantes con mucha hambre de comisiones.  Probé un trabajo de vendedor y por cierto fue una experiencia…una aventura…, pero me alegré de abandonar ese mundo.
Yo releería las columnas de ofertas de trabajo varias veces por si acaso las había leído demasiado rápido y tal vez hubiera perdido una oportunidad.  Me senté románticamente en un café dibujando círculos alrededor las opciones que el periódico me ofrecía, igual que en las películas.  Pero nadie entró por la puerta o tropezó torpemente, ni derramó café sobre mí, comenzando una interacción que me llevara a consiguir un trabajo especial.  Los periódicos quedarían  bien doblados y serían archivados en el contenedor de basura más cercano con algunos de los números de las ofertas a los que había llamado.
Entonces, un día, allí estaba.  Había un anuncio de Holiday Inn buscando un trabajador.  No estaba muy lejos de donde vivía y necesitaban un asistente para ayudar a las criadas.  El hombre (o mujer) de exito se prepara bien.  Empecé en seguida, imaginando los deberes requeridos, qué tipo de preguntas se podrían hacer y las cualificaciones buscadas.  Rediseñé mi currículum a algo más razonablemente apropiado para tal vocación.  Elegí mí disfraz de entrevista, nada demasiado formal, pero no excesivamente informal tampoco.  Y respondí a la llamada del ‘casting’.
 
Yo estaba sentado frente a esta profesional, que estaba mirando mi CV una vez más.  Ella expresó su reparo a considerarme porque creía que yo estaba demasiado cualificado para el trabajo, incluso con mi CV reducido.  Le aseguré que yo era su hombre.  Yo era flexible, dispuesto a trabajar, fiable y no consideraba el trabajo demasiado servil.  Seguiría sus órdenes y haría el trabajo de cualquier persona que necesitara mi ayuda, no como en mis días anteriores en Stylerite, una tienda de ropa económica.
 
Ella tenía sus dudas pero necesitaba a alguien, así que me dio una oportunidad.  Me di cuenta de que en las jerarquías sociales de en la cima estan los que cortan el bacalao, la nobleza y la riqueza, mientras que una criada está algo bajo en la escala profesional y después está el ayudante de la criada.  Ese era mi trabajo.  Quizás sea para mejor, porque mis habilidades para hacer la cama no son perfectas como me comenta mi mujer.  No se podría hacer botar una moneda sobre la estirada colcha.  Se perdería entre las arrugas.
Mis compañeros eran buena gente.  Me recordaban a la amplia variedad de trabajadores en la fundición.  Ellos no estaban hechos con un molde concreto ni la misma forma de pensar ni de ser.  Era una rica mezcla de personalidades e historias.  Me siento bien con eso, aunque el trabajo no sea el más retador, podría verme viviendo con esa gente, o gente similar en mi día a día.  Si por algún motivo,  me encuentro incapaz de encontrar una vocación que me llene en muchos sentidos, no estaría tan mal trabajar en una empresa con gente así.
Mi trabajo no era tan exigente.  Yo empujaba los enormes contenedores llenos de sábanas sucias recientemente arrancadas de las camas.  Yo era el chico de los recados. Estaba bien ser activo, especialmente después de la vida sedentaria de un dependiente de gasolinera que solo cobra y coge las matrículas.
Había otra buen motivo para mantener un ritmo intenso.  Hacía pocos días que acababa de romper con una chica con la que esperaba estar más que indefinidamente.  Las criadas solían poner la radio mientras limpiaban las habitaciones y a menudo las canciones me recordaban a ELLA y a NOSOTROS.   ¿Cómo puede ser que en ese momento de mi vida tantas canciones aparezcan en la radio, sabiendo exactamente cómo me siento y por lo que estoy pasando?
Quería desesperadamente estar con ella otra vez.  Entonces, ¿qué me lo impide?  Podría acercarme con la idea.  Quizás no debería haber roto con ella, si la quería tanto.
Había tantos recordatorios constantes de amor poco correspondido que después de una larga y tumultuosa relación,  decidí desconectar, por fín.  Ya lo lamenté la primera hora.  Sabía que era lo mejor y debía recomenzar mi vida en algún momento, pero ¿cómo podría seguir sin ella?  Incluso si ella no sentía lo mismo para mí.  Un millón de dudas y todavía más arrepentimientos corriendo dentro de mí, en cada habitación de hotel que entraba yo era asaltado de nuevo por la siguiente canción sonando muy fuerte en la radio, recordándome mi pérdida.
Cuando fui enviado a la lavandería en algún recado distante, pude huir momentáneamente de esos infiernos emocionales.  Sin embargo, no eran totalmente indeseables.  Me gustó la pasión de la sensación, mucho mejor que el limbo que había estado experimentando antes de la ruptura.  Y ahora sentía el anhelo de una segunda oportunidad.  Estaba vivo.  Con dolor, pero vivo.
Tal vez después del transcurso de una eternidad, o tal vez dos, llegué a casa del trabajo una noche.  Allí estaba ella, sentada en el pasillo, con la espalda contra la puerta.  Parecía que había estado allí por algún tiempo y estaba preparada para ir a la distancia.  Mi corazón saltó y la invité a entrar.
Igual que en las canciones, tuvimos nuestra segunda oportunidad.  Fue maravilloso.  Como en las canciones.  Resolvimos algunas de nuestras diferencias y duró gran parte del invierno.  Ambos sabíamos en el fondo que nunca fuimos destinados a ser una pareja para durar la infinidad de tiempo.  Algunos de los puntos que levantaban empollas  antes no podían ser aliviados con nuestro segundo viento.  Sin embargo, lo aceptamos, disfrutamos de los buenos momentos en que los tuvimos, y finalmente nos preparamos para la ruptura final.
Eramos más fuertes ese tiempo, no aplastados o tan desorientados.  Siempre he estado agradecido por esa segunda oportunidad y las muchas lecciones que me ha proporcionado.
 
Con la subida de temperaturas, me encontré con la única decisión que estaba ante mí.  No fue la ruptura, que esta vez vino de una comprensión muy recíproca.  Era hora de dejar de flotar.  Subí al norte y encontré trabajo en la fundición.  Volví y renuncié a mi apartamento en el barrio cool de la ciudad.  Acepté el papel de ser padrino, diciendo adiós a mi mejor amigo mientras que él comenzó el viaje de su primer matrimonio.  Y, por supuesto, doy adiós a mis amigos, a las criadas y los porteros, cuya buena compañía compartí al ser su ayudante.  Luego fui al norte para ver donde me llevarían mis decisiones.

EPÍLOGO

Es una buena sensación llegar finalmente a una decisión que ha tardado en gestarse. Especialmente una decisión que sabes que es correcta. Intentar de nuevo una relación defectuosa y aceptar el segundo final fueron buenas decisiones los dos. Asi como volver al norte, y enfrentarme a la fundición.  Sabía que iba a tener un camino difícil por delante de mí, pero no había vuelta atrás si quería superarlo.
Gracias a Carlos Molto por su ayuda y consejo en esta traducción. 
(Si encuentras algún error tipográfico u otro tipo de errores, son míos, no los suyos.)
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